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Las pintas

Y no de cerveza. Hablo de pinta en tanto a “Aspecto o facha por donde se conoce la calidad buena o mala de personas o cosas.” (Gracias RAE, tu siempre tan atenta)

Empiezo este post sin saber muy bien a dónde voy ni cómo voy a terminar, pero bueno, como diría nuestra querida Maite, “A quien no mire, que no le guste”.

Hace unas semanas que se me ocurrió hablar sobre este tema cuando, en mi viaje diario al M&S a por mi lunch, vi cómo un tipo paraba a todos los trajes que se cruzaban con él y cuando me vió a mi en mis vaqueros, pasó de largo. Sé que para los comerciales hay perfiles de clientes potenciales, pero ¿dónde termina el perfil y empieza el prejuicio?
Especialmente en Londres, donde lo último que hace la gente es juzgarte por tus atuendos (o por lo menos, “hacen como que”) y, creedme, los he visto menudos.

Mi primer shock respecto a este tema fue cuando al sacar un par de libros de la biblioteca el bibliotecario en cuestión era un tipo con una cresta verde, piercings hasta en los párpados, tatuajes hasta en el cielo de la boca, cadenas por todas partes, camiseta de tiranta, pantalones piratas y botas militares. A LO MEJOR te encuentras esto en España.

Mi segundo shock fue Camdem Town.

Tras estos dos “shocks”, pude confirmar que, efectivamente, Londres es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, pero después de dos años aquí pienso que la pluriculturalidad y el cosmopolitismo no tiene Nada que ver con los prejuicios y el clasismo (aunque algo ayudará, digo yo).

Como muestra, un botón. Hasta la fecha y considerando todos los guardias de seguridad que he visto desde que llegué a Londres, hay un guardia blanco por cada noventa negros. Al igual que hay cuarenta paquistaníes repartiendo los periódicos gratuitos por cada blanco.

Como avisé antes, no se a dónde quiero llegar con este post. Quizás sólo es una exposición de un pensamiento… digo yo, yo qué se. xD

¡Saludos!

Queja social

Para todos aquellos que andan mirando para otra parte.
Para los que hay que esquivar.
Para los que piensan que siempre cabe uno más en el metro.
Para los que hablan a gritos por el móvil.
Para los que van de guays por la vida, hablando alto y riendo a carcajadas para que todos piensen “Que guay que es”.
Para los que usan su móvil a modo de radio sin auriculares, para que todos escuchen su música.
Para los que no entienden que el cartelito del metro de “Keep Left” significa “Ve por la izquierda”.
Para los que todavía no entienden que para subir al vagón hace falta que dejen bajar a los que estan subidos primero.
Para los que deciden repentinamente dónde quieren ir y cambian de dirección pegando un quiebro (sin considerar que hay más gente en la calle).
Para los que van haciendo eses ocupando todo el ancho de la calle (sin estar borrachos).

Para ellas y ellos…

Iros todos a tomar por culo.

Ya actualizaré la entrada si me acuerdo de algo más.

¡Nada de relojes!

No se si os ha pasado alguna vez, pero hay noches que mi cerebro no puede parar de pensar (y, por consiguiente, no me puedo dormir). Nada de leyes de la física o fórmulas matemáticas, sólo chorradas. Y hoy os voy a escribir sobre una de ellas.

¿Qué pasaría si sólo tuviésemos una oreja? ¿Dónde estaría colocada?… es coña. La de verdad es… ¿Qué pasaría si hiciésemos lo que queremos exactamente cuando queremos? Y no me refiero a “encender la tele”, “conquistar el mundo” ni nada de eso. De hecho, para responder a la pregunta, debes excluir TODO lo que atañe a la vida en sociedad.
Me refiero a “levantarte cuando dejes de tener sueño” (en vez de “por la mañana”, o “a las 9, cuando suena el despertador”), irte a la cama cuando tengas sueño (aunque sean las 6 de la tarde), comer cuando tengas hambre, etc.

Parece ser que no soy el único al que esta historia le quita el sueño (aunque en mi caso, sólo fuera una noche). Porque todas las situaciones a las que me he referido antes se corresponden con ciclos biológicos del cuerpo humano de las personas humanas del mundo humano, y estos ciclos no son de 24 horas, como los días humanos de las personas humanas de…

Todo lo que escribo a continuación viene de una excelente trilogía de posts escrita por Pseudópodo, titulada “Ritmos circadianos“.

Todos tenemos tres ciclos (vienen de serie, si quieres más, tendrás que gastarte el dinero): el de la consciencia (vigilia/sueño), el de la actividad orgánica (temperatura corporal) y el del ambiente (día/noche). Y la cuestión que yo planteo, y que está en esta trilogía planteada igualmente… ¿están los dos primeros ciclos influenciados por el tercero?

Una tercera persona a la que esto SI que le quitaba el sueño, Michel Siffre, pasó dos meses en una cueva en los Alpes, donde vió como sus días, una vez que su ciclo de la consciencia y de la actividad orgánica dejaban de ser influenciados por el ambiente, duraban 26 horas. No contento con el resultado, se metió bajo tierra durante la friolera de seis meses.

Es curioso saber que esta adaptación al ciclo del ambiente no sucede igual en todas las personas, y que es por eso por lo que hay gente que se acuesta temprano y se levantan temprano, y gente que se acuesta tarde y se levanta tarde… están “biológicamente programados” para hacerlo.

Sería razonable pensar que los dos ciclos humanos están sincronizados en uno con el otro, pero si algo comprobó Siffre en esos seis meses en la cueva es que si son apartados del ciclo del ambiente durante varias semanas, estos dos ciclos también empiezan a desincronizarse. Para ver qué más se descubrió sobre este tema, está todo en la tercera parte de la trilogía.

zonazombi
Arriba. Gráfico que relaciona el ciclo de la temperatura corporal con la probabilidad de que te entre sueño

Yeeeejaaaa!

P.D.: Maite, sigo pensando que duermes demasiado.

P.P.D.: Isidro, ten cuidado estudiando por las noches, en “la zona zombi” ;)